Como el aroma de humo,
como la lluvia en septiembre,
como tu risa en mi espalda,
como la cama caliente.
Como las sábanas blancas,
como el amor en verano,
como el pellizco en el alma,
como mi vida en tus manos.
Qué más da lo que ocurra fuera, si dentro hace calor. Qué más da lo que diga la gente, si la gente dice muchas cosas. Qué más da cómo pase el tiempo, si en tu espacio va más despacio.
Tú me dejaste de querer, yo me dejé de querer, nosotros dejamos de querernos. Tanto que nos dejaron de querer a los dos. A ti porque te sobraba, a mí porque no tenía.
Empecé a creerme aquello que decías, que dependía del amor para ser feliz, que habían otras maneras de llegar al paraíso de la indiferencia, pero fue demasiado tarde, ya habías penetrado los muros de acero de mi alma, deshiciste la maleta y colgaste tus cuadros en las blandas paredes de mi corazón.
Hoy no están los cuadros, ni tus cosas, ni tu mirada bruja, ni tus canciones, ni tu sonrisa, pero se han quedado los agujeros de los clavos, cual cicatrices eternas.
De esta saldremos mejores, tú por haberme leído, y yo por haberte olvidado.
Para los demás amores, otra canción: