miércoles, 5 de agosto de 2020

Revolución, testamento y libertad.

Miles de personas claman en Madrid por la III República

Sinceramente colegas, me resulta bastante complicado seguir en la lucha continua por la supervivencia. Solo pido que si el coronavirus me mata me entierren fuera de España, en un sitio donde haga mucho frío, que soy de piel blanca y quemadura fácil. 

Que a mi funeral solo vengan los servicios esenciales, es decir, mis amigos y mi guitarra. Que me canten el credo del Capitán Veneno y algunas letras mías de una carpeta que tengo por ahí guardada...

Si no, me matará LA corona, que escribir se me da mejor que a ellos robar, porque mis poesías no hay quien las pille, pero al emérito le hemos pillado con las manos en la masa.

Si tampoco me matan ellos, lo harán las nuevas generaciones. No me creo que haya tan poco sentimiento de revolución con lo mucho que cancelamos en Twitter a la primera de cambio, a la primera sospecha, al primer bulo. Dejad de fabricar desgraciados, vayamos a por los que ya existen en el congreso y en el senado.

¿Todo va a salir bien? Y un nabo, dejad de mentirle a los niños. Las cosas solo salen bien para los de siempre, hasta en el fin del mundo. Salen del carajo para quien puede comprar tranquilidad, seguridad y techo. Para el pueblo solo salen bien algunas veces contadas, concretamente aquellas en las que hemos tenido que montar barricadas, quemar leña y cortar cabezas.

Pero no me malinterpretéis, yo la revolución si no es con amor tampoco la quiero, el problema es que ya somos lo suficientemente mayorcitos como para andar creyéndonos todos los guiones de las películas, y empezar a escribir los nuestros. Secuencia 1, exterior/calle, voz alzada y puño en alto. Lo demás no me vale ni lo siento. 

Ojalá podamos volver a abrazarnos, comernos la boca y fundirnos piel con piel, lo deseo con toda mi alma porque me resigno a pensar que todo eso ha acabado para siempre. Quizás lo convirtamos en algo clandestino, quizás el amor se considere un acto terrorista...

¿No es eso lo que querían? Ahí lo tienen, los mejores trabajadores serán los que ni sientan ni padezcan, los que vivan en su burbuja durante toda la vida, a quienes prohibamos acercarse a menos de tres metros de la verdad, por si acaso la descubren. 

A quienes metamos en su disco duro la noticia en bucle de una nueva vacuna, una nueva salida cada cierto tiempo, que en realidad nunca llegue. Entonces y solo entonces, será imposible volver a la antigua normalidad. Entonces, habremos muerto para siempre.